Presumir o Darse, Cuestión de Amor
Por Noticias de Toluca
Publicado: noviembre 7, 2009
Por Jesús Márquez Farfán.
Una parte de nuestra cultura son los regalos que ofrecemos o que intercambiamos en determinadas ocasiones. El regalo no sólo tiene valor o expresión material, sino que simboliza, de alguna manera, el afecto, el aprecio que se tiene por la persona. Un regalo lleva siempre una dedicatoria; deja ver que estamos agradecidos y reconocemos un favor, o que queremos expresar nuestro amor. También puede llevar como dedicatoria, muy laudable y silenciosa, al ayudar la persona que lo necesita, tenderle la mano, hacerle sentir que es tenida en cuenta, que estamos con ella.
Hay ocasiones en que se nos da la oportunidad, muy especial de pensar en los demás, cuando se trata de esas fechas que abren el corazón y disponen a todos a una mejor expresión de fraternidad. En algunas familias esto se hace un hecho trascendente, por ejemplo la Navidad como oportunidad de tener en cuenta a los más necesitados; educar a los hijos para dar, para amar, al compartir con quien carece de bienes. Son oportunidades para educar en valores y despertar la disposición y la generosidad y a la solidaridad. No es malo que así se haga, pero todavía falta: si queremos educar para el desprendimiento, para dar cristianamente, es necesarios aprender, al decir de Madre Teresa, a “dar hasta que duela”, hasta darnos a nosotros mismos.
Encontramos distintas maneras de dar: Para algunos dar es una oportunidad de aparecer, de hacerse propaganda ante los demás como generosos, como gente dadivosa y que tiene mucho para ofrecer a los demás. Otros dan porque tienen de sobra y nada les cuesta desprenderse de algo para los demás. Hay quien dé sin hacerse notar, sin tener en cuenta si lo ven; lejos de querer presumir, se olvida de sí mismo y da con generosidad, con alegría, no le importa más que servir, ayudar, promover al hermano.
Hay quien dé con intención de pagar un poco sus culpas, sus injusticias, su aprovecharse del trabajo de los demás y explotarlos. Algunos al dar humillan, echan en cara al otro, se hacen notar. Pero hay quien se mantiene en silencio y contempla a Cristo en quien pide y hasta da lo que tienen para vivir, le cuesta mucho, pero se desprende porque sabe que va a servir mejor al otro y que en él está Cristo.
Hoy hay muchas Instituciones de Asistencia Privada. Todas tienen interés por servir y se han marcado su campo de acción. Muchos de sus miembros buscan sinceramente el fortalecimiento de la Institución para dar un servicio organizado y con mejores respuestas a determinadas necesidades del prójimo. No se puede ignorar la publicidad para recabar fuertes capitales para ayuda, solicitados en esta época del año.
En el Evangelio de hoy, San Marcos nos hace reflexionar en cómo dar sin medida, sin presunción, nos dice cómo aprender a dar, según el criterio de Jesucristo, con la generosidad del amor, nos invita no sólo a dar sino a darnos (M12, 38-34):
Enseñaba Jesús a la multitud y les decía: “¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Estos recibirán un castigo muy riguroso”.
En una ocasión Jesús estaba sentado frente a la alcancía del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas. Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobra; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.
Lo primero que necesitamos observar es el acierto de Jesucristo para educar en los valores y crear conciencia sobre cómo vivir como cristianos, como hermanos. Es una manera de educarnos para amar.
La primera advertencia de Jesús, con que nos encontramos de inmediato en este Evangelio, es una expresión clara contra la presunción, el engaño, el abuso, la simulación, la hipocresía. Es advertencia hasta para nosotros, los sacerdotes, para no fiarnos de las hermosas ceremonias que presidimos, o de los ornatos del templo, o de ser aplaudidos y tenidos en cuenta en los banquetes, en las fiestas. Él pide no presumir, no envanecerse, no ambicionar los puestos llamativos en el orden público.
Nos pide cuidarnos de esa actitud que hoy llamamos farisaica, pero que es tan fácil de asumir vida: Andar por ahí presumiendo y buscando reverencias, elogios, consideraciones de los demás y ocupar los primeros lugares, repicar al socorrer para que todos se fijen y hacer largos rezos para que nos miren y nos elogien.
Pero tiene una advertencia más: No explotar a los necesitados con pretensiones de rezos y de piedad, como hacían los fariseos, como hacemos nosotros muchas veces cuando se nos da la oportunidad de un puesto, de un servicio en la comunidad. Ostentación y opresión, dos actitudes de vida condenadas por Jesús.
En resumen, nos dice que, cuando hacemos las cosas por aparecer ante los demás, por que nos miren o nos aplaudan, echamos por tierra el mérito, nos carcome la vanidad, la presunción; el corazón se nos apolilla y quedamos como esas estatuas que guardan su apariencia pero están carcomidas por dentro, endebles, van a desmoronarse.
Después enseña a dar, no de lo que nos sobra sino de lo que necesitamos, de lo que alguien requiere para vivir. Enseña a dar la vida. El mismo vino a darse a nosotros, a ser el regalo del Padre a enriquecernos con su generosidad extrema: siendo Hijo de Dios, se hizo Hijo del hombre, en todo semejante a nosotros, para hacernos como Él, hijos de Dios. Con su ser y su proceder no quiso imponer, ni dominar, ni explotar, ni hacer injusticias. Nos dice que la generosidad suya, la generosidad cristiana, es un simple aunque significativo dar, que nada tiene que ver con la usura, con los abusos mercantiles, con la explotación, con los precios exagerados, con los tributos malgastados, ni con los abusos de tipo religioso…
Deberíamos aprender a dar en nuestra relación ordinaria, de familia y de amistad, a responder a la necesidad de quien convive con nosotros. Así nos educaremos para hacer nuestra vida a la manera de Jesucristo, que se entregó por nosotros; nos daremos en los pequeños detalles de cada día, sin pretensiones y con verdadera generosidad. Sabremos que “hay más felicidad en dar que en recibir.
Cristo no llama a la sencillez de corazón y la generosidad que lleva a compartir no sólo nuestros bienes, sino nuestra propia vida y darla generosamente, alegremente, sin regateos, en el servicio a los demás, en acciones sencillas, amables, que nos ayuden a construir relaciones fraternas en actitudes de don, en nuestro compartir de cada día.
El Señor es el gran don del Amor que no enseña a amar dándonos.
Tagged: asistencia, escribas, Evangelio, Familia, Farfan, Jesus, Madre, Marquez, navidad, privada, regalos, Teresa
Enviar Este Artículo por Correo Electrónico

